Acerca de «Capitalismo». El CEO y el psicópata corporativo.

El comportamiento del gerente es fundamental para el incremento de la riqueza del accionista. Pero, la racionalidad del laissez-faire y laissez-passer (dejar hacer y dejar pasar) en el mundo real muestra variados peligros para los mercados, los aparatos del Estado, para los consumidores y para los ciudadanos.

Los investigadores desde antaño estudian a los gerentes con liderazgos disfuncionales, mostrando comportamientos abusivos con los empleados, donde su principal interés consiste en alcanzar el éxito y el poder, sin considerar las consecuencias negativas de sus decisiones gerenciales.

Los hallazgos permiten concluir que dichos comportamientos están constantemente influidos por el sistema neuro-vegetativo, donde yace el instinto, el afecto y la herencia genética y, por otra parte, por el sistema endocrino, que en su conjunto entrega influjos afectando el pensamiento, el proceso cognitivo y moral del individuo. De hecho, los investigadores especializados en la etiología del delito recomiendan el estudio biológico del delincuente para comprender in profundis el origen del comportamiento antisocial. Uno de estos hallazgos apunta a la testosterona como una hormona que actúa de manera similar a los efectos causados por el poder. Esta hormona estimula el comportamiento antisocial, egocéntrico, el deseo de tomar posiciones de dominación dentro de un grupo, como también, variados comportamientos y relaciones desviadas. Los estudios de la neuroeconomía señalan que la testosterona se relaciona con decisiones riesgosas y baja valoración del daño causado.

Este comportamiento abusivo en manos de gerentes corresponde a individuos con bajo desarrollo moral, como es el caso de los narcisistas, los maquiavelistas y los psicópatas, que en su conjunto, se caracterizan por un comportamiento egoísta, sobre todo si se encuentran en posiciones de poder dentro de la organización; son vanidosos y diseñan actos que los haga sentir grandiosos ante los demás; poseen la habilidad para manipular y el cinismo los convierte en una máquina de encantos que cautiva a muchos; su falta de empatía y frialdad en las relaciones sociales, lo vuelve un candidato preferido para las grandes empresas por sobre un gerente normal. Estas empresas reconocen estos rasgos conductuales en sus empleados y son de su interés dada la capacidad para manipular, persuadir y mentir hábilmente, pese, a su disfuncionalidad al interior de la organización, ya sea, con los empleados a cargo y con las normas internas. 

En la literatura especializada, este tipo de gerente se conocen como psicópata corporativo.

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Desde el punto de vista organizacional, el psicópata corporativo es valorado por su astucia, por su profunda convicción para alcanzar objetivos, la destreza para sacar del camino a sus oponentes sin remordimiento o contrición. Estos individuos se sienten atraídos por las grandes empresas, ya que es ahí donde encontrarán el poder y dinero que los hace sentirse grandiosos y con prestigio, lo cual les da mayor acceso a satisfacer sus pensamientos psicopáticos. Un gerente narcisista es considerado como un individuo que se ajusta bien a las estrategias corporativas y se caracteriza por comportamientos poco éticos a todo nivel organizacional, ya sea, por sus propensiones oportunistas para obtener ventajas en negociaciones, o entrega de información al mercado, colusiones, evasión de impuestos y variados fallos ante la reglamentación y la ley. También, son innovadores y presentan ideas visionarias, en algunos casos en el mercado financiero, mediante la creación de derivados financieros. 

Estos gerentes son un fuerte obstáculo para la debida formación de un gobierno corporativo al interior de la empresa, cuya instalación, incluso, podría ser indeseada por los accionistas mayoritarios en desmedro de los accionistas minoritarios. Al respecto, algunas corporaciones han visto el imperativo de jugar limpio en el mercado y mantener una adecuada relación con los stakeholders mediante la participación de mujeres, no solo en cargos ejecutivos, sino que también, profesionales activas en el directorio y en el mismo gobierno corporativo.

Este modelo de gestión, el gobierno corporativo, podría ser un instrumento viable para mitigar el comportamiento disfuncional de sus trabajadores y principalmente, aquellos de mayor responsabilidad, estimulando nuevos controles bio-psico-sociales en el proceso de selección y reclutamiento, como también, salvaguardas, cortafuegos y protección a las víctimas de gerentes con perfil disfuncional dentro de la organización.

Según variadas corrientes de las ciencias sociales y la filosofía, se entenderá como persona normal a un individuo cuyo desarrollo moral le permite distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo malo y, a la vez, actuar en consecuencia. Nietzsche los denomina “los veraces” en oposición al hombre mentiroso y vulgar, el cual tiene a su favor cualidades dignas de una sociedad. Cicerón hablaría de la liberalidad de los hombres y Hume, agregaría a este concepto que un hombre así “tiene el mérito de promover los intereses de nuestra especie y a procurar felicidad a la sociedad”, ideas contrarias a lo narrado por Adam Smith al referirse a hombres que se reúnen para controlar la oferta con el fin de aumentar los precios de los productos, o bien, imponer leyes gremiales para regular los salarios en el mercado del trabajo y el fomento de las conductas monopólicas e impedir la organización de los trabajadores. Los liberales de esas épocas, como Cicerón y Séneca promoverían lo que se denomina “las Tres Gracias: dar, recibir y devolver favores”.

Esta reflexión es vital, si se comprende que cuando se persigue incesantemente el laissez-faire y laissez-passer (dejar hacer y dejar pasar) tendrá un costo para la sociedad, sobre todo si los dueños de empresas se ven cautivados por liderazgos disfuncionales, pero, funcionales a sus intereses. Adam Ferguson dijo que la liberalidad no era un sinónimo de refinamiento o de sociabilidad cosmopolita, más bien corresponde a “ese hábito del alma por el que nos consideramos parte de una bien amada comunidad, cuyo bienestar general es para nosotros el principal objeto de preocupación y la gran regla de nuestra conducta”.

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