Finanzas del comportamiento. Parte II

  1. Asuntos preliminares

El hombre no es un ser racional y sus conductas no se nacen de un pensamiento maximizador de utilidades económicas, más bien, el pensamiento de este hombre no racional descansa en un conjunto de variables cualitativas que surgen o se articulan desde aspectos emocionales y sentimentales de la persona. La idea del homo economicus ha desaparecido.  

Araya y Crespo (2016) sostienen que las diferentes actuaciones de los individuos son promovidas por una relación entre recompensa y castigo. Algunos individuos de constitución propensa al delito actuarán, según sea el grado de inteligencia, utilizando el ambiente como escenarios delictuosos.

En palabras de De Bondt, et al. (2015)[1], cito textual:

Las finanzas modernas se basan en dos pilares. El primer pilar es el concepto de “gente bella”, definida como agentes lógicos y autónomos caracterizados por la maximización esperada de la utilidad (a lo largo del tiempo), la aversión al riesgo, la actualización bayesiana y las expectativas racionales. El segundo pilar es el concepto de “mercados hermosos”, es decir dependiendo de los mercados problemáticos, perfectos, líquidos, competitivos y completos. Con base en estos dos conceptos, así como en el ajuste mutuo de la oferta y la demanda (más una variedad de suposiciones auxiliares), varios teoremas de precios de activos que derivan en equilibrio, todos los agentes alcanzan su óptimo. Las carteras de inversión son eficientes en cuanto a la varianza media. […]. No quedan oportunidades para el arbitraje racional. La condicional sobre lo que se sabe sobre el futuro, donde el precio es igual al valor.” (p. 2)

Estos autores se preguntan acerca del rol de las instituciones que permiten ordenar el mercado, ya sea, el marco regulatorio, el sistema tributario, los servicios en defensa del consumidos y la supervisión para mitigar el arbitraje. Agregan que en las finanzas neoclásicas los axiomas solo tienen un atractivo normativo y algunos defensores de esa escuela no creen en las encuestas y que el poder de la lógica es superior al poder de los datos.

De igual forma, explican que las finanzas conductuales asumen que los agentes no son racionales, que el mercado presenta fricciones y que el marco institucional es de vital importancia. El eje central de esta discusión es la llamada “racionalidad limitada”.

De lo anterior, se dirá que “las finanzas del comportamiento[2] es el estudio de cómo la psicología afecta las decisiones financieras en los hogares, los mercados y las organizaciones. La pregunta principal es: ¿qué hacen las personas y cómo lo hacen? Los métodos de investigación son en su mayoría (pero no exclusivamente) inductivos. Los investigadores conductuales recopilan “hechos” sobre el comportamiento individual (basados ​​en experimentos, encuestas, estudios de campo, etc.) y los organizan en una serie de “superfactores”. La psicología de la toma de decisiones se puede explorar de varias maneras”.

Finalmente, luego de variados estudios y experimentos, se agrupan en tres tipos de hallazgos[3], a saber:

Primero: Errores predecibles tales como exceso de confianza en el juicio, ilusiones, procrastinación[4], miopía. La intuición es frágil. En esas ideas no se alega que la intuición financiera está rota, solo que puede romperse. Los errores específicos dependen del contexto, pero son sistemáticos de todos modos. También explica por qué el juicio financiero es falible.

Segundo: Existe una dinámica especulativa de los precios de los activos en los mercados financieros mundiales. Aquí, la idea principal es que los errores sistemáticos de los inversores poco sofisticados (“operadores de ruido”) crean oportunidades de ganancias para los expertos, incluso si los operadores de ruido crean un gran riesgo. El sentimiento del inversionista importa. Los conceptos erróneos ampliamente compartidos (que pueden reforzarse a sí mismos) causan burbujas de precios transitorias, grandes y pequeñas. Ciertamente, el arbitraje racional también importa, pero, dado que los horizontes de inversión de la mayoría de las personas son cortos, el arbitraje no elimina las ineficiencias.

Tercero: Cómo los procesos de decisión moldean los resultados de las decisiones. Un ejemplo tiene que ver con la donación de órganos. La tasa de participación en U.K. en la donación de órganos es aproximadamente 15% mientras que en Bélgica supera el 95%. ¿Qué explica esta diferencia? Para obtener una respuesta, se observó el proceso de decisión más el hecho bien conocido de que las personas tienden a seguir con el status-quo. En caso de un accidente automovilístico fatal en el Reino Unido (U.K.), la ley asume, a menos que el conductor firme en su licencia lo contrario, que sus órganos corporales no serán donados. En Bélgica, la solución predeterminada es lo contrario, es decir, siempre se donan los órganos del conductor. Tenga en cuenta que en cualquier país todo lo que se necesita para modificar el predeterminado es una firma.

La conclusión luego de esta sucinta revisión es probable que los nuevos paradigmas de las finanzas correspondan al ensamble entre las teorías de precio de los activos y los hallazgos de las finanzas del comportamiento. También, estos nuevos diseños metodológicos permitan definir mejores políticas de resguardo hacia los mercados, sobre todo ante los cambios sociales, cambios de conducta de los consumidores y la incorporación de nuevas tecnologías al momento de administrar el dinero. En este sentido, los nuevos modelos deberán considerar la naturaleza imperfecta de las personas y su racionalidad limitada.    

  • Otras reflexiones en torno al problema de las decisiones del agente

Según Simón[5] (2001) en el cerebro se aloja cierta capacidad moderadora que representa variados aspectos del mundo, que permite copiar o representarlo para realizar operaciones mentales. Esta capacidad del cerebro permite elaborar complejos modelos que son utilizados para sobrevivir. El éxito o fracaso dependerá si estos modelos están representando bien la realidad. Esta capacidad del cerebro es una actividad neuronal y es parte del sistema nervioso.

En este apartado quiero abordar dos puntos que creo centrales en la discusión de la conducta y las finanzas, y en particular, en los efectos perniciosos sobre el precio de los activos, cuando a estos no se les resguarda del arbitraje o la fijación discrecional fuera del rango fundamental.

 Indiqué al inicio de este apartado que el sistema nervioso guarda relación con el modo de pensar y tomar decisiones respecto al mundo exterior, siguiendo las palabras de Simón (2001).

Científicamente hablando, la cognición es enteramente biológica (Goodenough  y  Tucker, 2010[6]; Bandes  y  Blumenthal, 2012[7]; Braeutigam, 2012[8]). Es decir, las conductas y procesos decisionales están contenidas en un programa genético, que no es más que la plataforma que permite relacionarse con el medio ambiente, cuyo resultado conductual, atiende a múltiples factores que más o menos, se relacionan con los aspectos bio-psico-sociales del individuo (Di Tullio, 1950[9]; Goodenough y Tucker, 2010).

Por tanto, si los factores conductuales presentan diferentes motores de tipo bio-psico-social del individuo, que afectan las esferas del instinto, la emoción, y las sentimentales, entonces se entenderá que las glándulas secretoras de hormonas, como el sistema vegetativo o el de relaciones afectarán la conducta de los tomadores de decisión, sobre todo si éstos sistemas presenta defectos, ya sea, por la herencia, por la crianza, o bien, afectados por la vida que le ha tocado enfrentar al individuo.

Los estudios realizados por Bendahan, et al. (2015)[10] muestran que las personas con menos desarrollo moral[11] (así como la psicopatía, el narcisismo y el maquiavelismo) “tienen mayor propensión a mostrar comportamientos egoístas cuando se les da el poder” (p.8). Este tipo de individuo estará más expuesto a delitos de corrupción y al abuso del poder, en comparación con aquellas personas de mayor desarrollo moral. Por otra parte, las indagaciones respecto a la testosterona, ha demostrado que esta hormona se presenta como un buen predictor del comportamiento antisocial, egocéntrico, de dominancia social y diversas conductas desviadas; la insensibilidad al estrés y al daño cuando delinquen; como también, una alta sensibilidad a las recompensas y baja valoración al castigo, lo que concuerda con los estudios de Romero, Ángeles Luengo, Gómez-Fraguela,  y  Sobral (2002). Es decir, un reducido costo psicológico ante decisiones discrecionales, o bien, delictivas. Otro de los resultados encontrado por Bendahan et al. (2014), sugiere que la testosterona puede actuar de una manera similar a los efectos psicológicos del poder. Con todo, se ha demostrado una relación directa entre alto nivel de testosterona y la propensión a alcanzar altos niveles de recompensa material, que, unido a la baja sensibilidad por el castigo, impulsa a estas personas a no escatimar los costos para obtener los beneficios buscados. Takahashi (2013) indica, luego de examinar variados estudios, que las investigaciones en neuroeconomía revelan que la testosterona se asocia a la toma de decisiones riesgosas y a la conducta antisocial. Con todo, la discrecionalidad es un proceso cognitivo, y, por tanto, no observable[12], pero se materializa en actuaciones específicas del individuo.

Existen variados estudios económicos acerca de la naturaleza humana (M. Jensen  y  Meckling, 1994; Akerlof, 2002; Cohen, Ding, Lesage,  y  Stolowy, 2012; Statman, 2014). En este campo, la teoría de agencia es uno de los constructos que explica la conducta divergente del Administrador (Agente), respecto a los fines por los cuales ha sido contratado por el Propietario (Principal). El factor común de todas estas interactuaciones económicas y legales, enfatizan los riesgos de las decisiones discrecionales ante los acuerdos pactados en diferentes plataformas contractuales, ya sean de dominación u obediencia. Cabe destacar que estos diseños jurídicos sirven como instrumento para la obtención de ganancias de personas, que, en sus roles dentro de una organización, buscan maximizar sus propias funciones de utilidad (Liu, 2014), las que podrían dejar externalidades sin resolver.

Araya y Crespo (2016) sostienen que las diferentes actuaciones de los individuos son promovidas por una relación entre recompensa y castigo. Algunos individuos de constitución propensa al delito actuarán, según sea el grado de inteligencia, utilizando el ambiente como escenarios delictuosos.

Su nivel de ansiedad por el éxito y su baja valoración por el castigo, son ingredientes necesarios para actuaciones individuales o corporativas para tomar recursos del territorio. Los estudios que estos autores muestran, dan a entender que los delitos de cuello blanco de Sutherland (1940) y los problemas de agencia de Jensen y Meckling (1986) están relacionados con el sistema nervioso, y sobre todo por el cerebro vegetativo, donde queda establecida la sede de las perturbaciones de la esfera instintivo-afectiva del sujeto y que por tanto, las actuaciones orientadas a maximizar el beneficio propio por sobre lo que establece un contrato, es a raíz de la base biológica del individuo.

El caso más extremo en esta línea de discusión, la presenta el denominado psicópata corporativo (Boddy, 2011). Para este autor los psicópatas corporativos son gerentes que están dispuestos a mentir sin considerar los efectos secundarios y son capaces de articular diversos mecanismos para logran sus objetivos de negocio. Son individuos despiadadamente oportunistas y manipularán lo que sea necesario para avanzar profesionalmente. Estas características los convierte en muy buenos candidatos para que los propietarios de firmas y corporaciones logren sus objetivos económicos.

Para Blair (2005) el psicópata no muestra deterioro mental. Advierte que este tipo de individuo sí muestra una disfunción selectiva empática emocional; se ven inmunes a los procesos referidos a las expresiones del miedo, tristeza, y al enojo, esto a causa de la falta de excitación de la ansiedad, lo que correlaciona con el sentido de superioridad (Bosse, T., Gerritsen, C., y Treur, J. 2007).  Esta falta de empatía le impide valorar el sufrimiento de su víctima. Este deterioro de la empatía y sus implicaciones parece similar a pacientes neurológicos que presentan dificultades sociales a causa de lesiones en la zona orbital / corteza prefrontal ventrolateral del cerebro (Blair, 2005). Para Bosse et al. (2007) los psicópatas tienen una desviación específica en el cerebro: el lóbulo frontal está desconectado de la zona límbica. “Los lóbulos frontales son el área del cerebro que tiene que ver con la conciencia, la culpa y el remordimiento y es la residencia de nuestra moralidad. El área límbica genera sentimientos […]. Debido a la desconexión, los psicópatas no pueden expresar sus emociones en términos de sentimiento” (p.890), aspectos que Glenn y Raine, (2008) corrobora.

El psicópata corporativo muestra incapacidad para tener cualquier sentimiento, simpatía o empatía por otra persona (Boddy, 2001). Los procesos bio-psicológicos los convierten en personas extraordinariamente frías, calculadores por sobre el normal y despiadados hacia otras personas. Por otra parte, Mathieu, Hare, Jones, Babiak y Neumann (2012) indican que existen variadas investigaciones que revelan que los psicópatas se relacionan positivamente con personalidades carismáticas, toma de decisiones no éticas; y negativas con niveles de responsabilidades, ya sea, en el liderazgo y capacidad de gestión. Menciona, además, que sus colegas encontraron capacidades de encanto, manipulación y engaño a los demás. Indican que los individuos con tendencias psicópatas pueden parecer muy atractivos en los procesos de reclutamiento, pero sus éxitos son de corto plazo, puesto que comenzarán a aparecer los aspectos destructivos de su personalidad, en contra de la organización donde trabaja. El psicópata podría enfrente el juicio y el peligro sin que su piel se humedezca como les ocurre a las personas normales (Bosse et al. 2007). 

Los psicópatas corporativos, también personas con disfuncionalidad del lóbulo frontal y la amígdala (Bosse et al. 2007) poseen una alta capacidad de ser encantadores, una sed de dinero, poder y estatus y una habilidad para manipular a los demás y ser mentirosos expertos (Boddy, 2005); Los psicópatas corporativos no tienen miramiento alguno para escalar dentro de la organización y sus habilidades sociales le sirven solo de fachada, además, destaca un hecho importante, que hace referencia a rasgos que algunas organizaciones necesitan, lo que podría considerar a este individuo como un líder ideal, lo que los perfila como buenos candidatos para altos cargos ejecutivos. 

Estas consideraciones biológicas acerca de los profesionales de la administración y de los negocios no son captados por las teorías financieras de la estructura de capital. Esta referencia va en la dirección genotípica del problema y no fenotípica como lo aborda la teoría de agencia o la teoría de los delitos de cuello blanco (Araya y Crespo, 2016).

El componente biológico de la discrecionalidad y el deseo de escalar en la riqueza, son argumentos suficientes para realizar actuaciones de diverso nivel moral en el mercado y en el gobierno, como se había indicado en párrafos anteriores.


[1] De Bondt, W. F., Muradoglu, Y. G., Shefrin, H., & Staikouras, S. K. (2015). Behavioral finance: Quo vadis?

[2] Ibid

[3] Ibid p.3

[4] La procrastinación (del latín procrastinare: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro),​ postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

[5] Simón, V. M. (2001). El ego, la conciencia y las emociones: un modelo interactivo. Psicothema13(2), 205-213.

[6] Goodenough, O. R., & Tucker, M. (2010). Law and cognitive neuroscience. Annual Review of Law and Social Science, 6, 61-92.

[7] Bandes, S. A., & Blumenthal, J. A. (2012). Emotion and the law. Annual Review of Law and Social Science(8), 161-181.

[8] Braeutigam, S. (2012). Neural systems supporting and affecting economically relevant behavior. Neuroscience and Neuroeconomics(1), 11-23.

[9] Di Tullio, B. (1950). Tratado de Antropología Criminal (Primera Edición Castellana). Bueno Aires: Instituto Panamericano de Cultura (I.P.A.C.).

[10] Bendahan, S., Zehnder, C., Pralong, F. P., & Antonakis, J. (2015). Leader corruption depends on power and testosterone. The Leadership Quarterly, 26(2), 101-122.

[11] Campbell, J., Schermer, J. A., Villani, V. C., Nguyen, B., Vickers, L., y Vernon, P. A. (2009) dice que, cita textual: “el desarrollo moral o razonamiento moral se refiere a constructos como estándares éticos, simpatía, empatía, la capacidad de pensar a través de dilemas morales y una creencia en la existencia de estándares de lo correcto y lo incorrecto […]. Se ve un alto razonamiento moral como un aspecto deseable de la personalidad, a menudo conceptualizado como una etapa de desarrollo de orden superior. Algunos estudios previos han investigado las relaciones entre el desarrollo moral y el narcisismo […], maquiavelismo […], y psicopatía […] individualmente”.

[12] En el Derecho Penal moderno y occidental, se estudia la ley en una relación estrecha con las teorías de la mente (Symington, 2012), es decir, un acto es punible no solo cuando el sujeto realiza la conducta (responsabilidad objetiva), sino que, además, la producción sea de una mente culpable (responsabilidad subjetiva).

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