Teoría de agencia. Sus límites II

En la teoría de agencia, Williamson (1987) menciona a Jensen (1983) para indicar que la unidad de análisis es el agente. Agrega además, que el agente trabaja en una gestión discrecional[1] mediante un contrato como nexo[2], en un contexto de racionalidad limitada, el que “se define como un comportamiento que es intencionalmente racional, pero sólo en forma limitada, y el oportunismo es el interés propio que busca con alevosía (p.569)”. Por otra parte, el agente asume neutralidad al riesgo y le saca partido a los problemas de contratos incompletos[3]. En este sentido, el conflicto se genera ante la presencia de un contrato incompleto y la especificidad del activo[4], el resultado de esto, es lo que se conoce como pérdidas residuales, es decir, “la reducción en el valor de la firma que se obtiene cuando el empresario diluye su propiedad. El cambio de las ganancias y en gestión inducida por la dilución discrecional de la propiedad, es responsable de la pérdida[5]”.

Estos dicho analizados desde las teorías de la criminalidad, podrían leerse de la siguiente manera: La unidad de análisis es el comportamiento crimonoso del agente, basado en las fuerzas internas de su personalidad, a saber; herencia, instinto y biología moral, donde las oportunidades que brindan los contratos incompletos, le permiten al delincuente, con diferentes tonos de originalidad, modificar o cambiar ambientes orientados a sus fines, manipulando la información financiera y de gestión en general, con el fin de apropiarse de parte del valor de la firma, mediante las pérdidas residuales.

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Ambas vertientes, ya sea, la teoría de agencia (TA) y de criminalidad (TC) permiten responder a la pregunta presentada al inicio de este trabajo, a saber: ¿Por qué el agente se apropia residualmente del valor acumulado por el principal? Sin embargo, la unidad de análisis de TA es construida mediante los hechos ocurridos, en cambio, la TC, la unidad de análisis está construida mediante la relación de variables causales e intervinientes previas al hecho. La TA resalta el carácter oportunista del delincuente, en cambio, la TC estima que el delincuente genera los ambientes criminosos basados en desequilibrios hormónicos y psicológicos relacionados con el estímulo de logro y la insensibilidad al castigo. Por otra parte, la TA configura una relación entre selección adversa y riesgo moral, en cambio, la TC propone modelos predictivos de criminalidad.

[1] Cf. p.568

[2] Íd. Sutherland (1949)

[3] Cf. p.570

[4] Cf. p.571

[5] Cf. p.572

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