Los Gobiernos Corporativos

El concepto[1] apareció hace algunas décadas en los países más desarrollados […] como consecuencia de la necesidad que tenían los accionistas minoritarios de una empresa de conocer el estado que guardaba su inversión; esto es, querían saber qué se estaba haciendo con su dinero y cuáles eran las expectativas futuras. Esto hizo que los accionistas mayoritarios de un negocio y sus administradores, iniciaran un proceso de apertura de la información, al mismo tiempo de profesionalización y transparencia en el manejo del mismo.”

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), emitió en mayo de 1999 y revisó en 2004 sus “Principios de Gobierno Corporativo” en los que se encuentran las ideas básicas que dan forma al concepto que es utilizado por los países miembros y algunos otros en proceso de serlo.

Los principios de la OCDE contemplan que el marco de GC debe:

  • Proteger los derechos de accionistas.
  • Asegurar el tratamiento equitativo para todos los accionistas, incluyendo a los minoritarios y a los extranjeros.
  • Todos los accionistas deben tener la oportunidad de obtener una efectiva reparación de los daños por la violación de sus derechos.
  • Reconocer los derechos de terceras partes interesadas y promover una cooperación activa entre ellas y las sociedades en la creación de riqueza, generación de empleos y logro de empresas financieras sustentables.
  • Asegurar que haya una revelación adecuada y a tiempo de todos los asuntos relevantes de la empresa, incluyendo la situación financiera, su desempeño, la tenencia accionaria y su administración.
  • Asegurar la guía estratégica de la compañía, el monitoreo efectivo del equipo de dirección por el consejo de administración y las responsabilidades del Consejo de Administración con sus accionistas.

Como indiqué al inicio de esta clase, las finanzas tienen que ver con la conducta del hombre, con el hombre que toma decisiones económicas en diferentes ámbitos de su hacer, pero como dice Maquiavelo[2], hay algunos hombres que buscarán su propia grandeza, o bien oprimiendo a su jefe o a otro que no se relacione con él. También observa que “por lo general los hombres son ingratos, inconstantes, falsos y fingidores […] ávidos de riqueza y mientras les beneficias, son todos tuyos” (p.122); más adelante agrega que “los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio. Además, razones para arrebatar los bienes de los demás nunca faltan, y quien empieza a vivir robando siempre encuentra un pretexto para apoderarse de lo de los demás” (p.123). Por otra parte, aconseja a los gobernantes que, en lo posible, siempre deben preferir el bien, pero si es necesario entrar en el mal, deben hacerlo.

La pregunta es ¿Cuál es la fuerza que lleva a algunos hombres a actuar por sobre la esfera del bien para lograr sus fines? En este sentido, el tratadista Di Tullio (1950) dice:

El hombre medio o normal es aquel que posee suficiente capacidad para hacerse un concepto de lo que es lícito y de lo que no es lícito, de los que es bueno y de lo que es malo, y reconocer, por experiencia, que lo ilícito y lo malo está reprobado por la opinión general, y en ciertos casos prohibido y penado por las leyes. Lo que quiere decir que el hombre medio o normal posee el concepto y el juicio moral, o sea posee una moral teórica, que constituye un importante motivo o estímulo criminoso-resistente, o criminoso-repulsivo” (p.228).

Lo mismo en la Biblia, en el libro de Romanos 2:14-15 dice: “Porque siempre que los […] que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismo. Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones”. De igual modo Aristóteles (2012) en su Política advierte que el hombre está formado por materia y alma, la primera manda la naturaleza y la segunda es mandada. Por esta razón, hay que observar a los hombres para entender qué fuerza los domina, pues cuando el cuerpo está dominado por la naturaleza y por sobre la razón y la inteligencia, sus actos serán malvados.

Según Ganga y Vera (2008)[3] lo que quiere resolver el gobierno corporativo es el problema de agencia. Además, indican que el Gobierno Corporativo “tiene que ver con los medios a través de los cuales aquellos quienes proporcionan fondos financieros aseguran una retribución adecuada de sus inversiones” (p.100). Agrega que, “se refieren a los mecanismos o conjuntos de sistemas de control por medio de los cuales se consigue que las empresas sean gestionadas eficientemente por parte de sus equipos directivos, para crear valor en el beneficio de los accionistas que aportan el capital necesario” (p.100). En términos generales, el buen gobierno corporativo puede entenderse como la práctica de una filosofía corporativa, amparada en procesos apropiados, que permiten a los interesados de una organización, medir y evaluar los propósitos, los riesgos y las oportunidades que se presentan a una compañía.

No obstante, el problema corporativo y de las finanzas corporativas no se queda solo en la búsqueda de maximizar el valor económico del accionista y resguardar su relación entre principal y agente, o propietario y administrador. Ya de antaño se ha discutido el papel de la responsabilidad y su entorno, en este sentido, existen dos corrientes dentro de la teoría de la responsabilidad de la empresa (Argandoña[4], A. 1998): una que reduce su responsabilidad solo a la consecución de beneficios para el accionista, y la otra, “que amplía esa responsabilidad a una amplia gama de agentes con los que se relaciona la empresa”, es decir, no solo los accionistas, sino que “la comunidad local, la sociedad en general y el mundo entero”.

La discusión del bien común, pareciera ser una actividad que está fuera de juego en el mundo actual y en rigor desde los inicios de la humanidad, solo basta con recordar el asesinato de Caín sobre Abel indicados en Génesis 4:8-10 o bien, las actuaciones realizadas por Nathan Rothschild en la Inglaterra del 1815, el día de la Batalla de Waterloo, donde se enfrentaba el ejército aliado de Wellington en contra de Napoleón Bonaparte. Las Bolsas de Valores de Europa estaban en vilo esperando el resultado, en particular la Bolsa de Valores de Londres, puesto que Inglaterra al perder esa batalla quedaría bajo los pies de Francia, pero se ganaba, mantendría su hegemonía en la región. Nathan Rothschild gracias a sus sofisticadas redes de espías desplegada por toda Europa y en particular en las cercanías de la Batalla, recibió informes anticipados que la Batalla había sigo ganada por los aliados. No obstante, Nathan organiza rápidamente un plan el cual se aplicaría en la Bolsa de Valores de Londres. Este plan consistió en vender los bonos de gobierno (Consols). La venta de estos papeles financieros dio la señal a los demás agentes que Nathan Rothschild sabía del resultado de la batalla y todos comenzaron a vender son bonos de gobierno, los cuales al final de la jornada habían quedado en manos de Nathan. Al llegar la noticia a Inglaterra que Wellington y sus aliados habían salido victoriosos, ¿según cuenta el libro “Descenso a la esclavitud?[5]” la fortuna de los Rothschild se había multiplicado por seis.

Pese a lo anterior, existen esfuerzos en comprender y direccionar los esfuerzos hacia esos fines. En esta dirección, la teoría de los stakeholders es una ampliación más integral de la idea neoclásica del valor económico (Argandoña. 2011) y su afán por maximizar. Comprender su idea, permitirá que las gestiones empresariales se organicen coordinando todos los esfuerzos de los participantes, dentro de una perspectiva cooperativista del valor, de modo de inteligentemente superar los conflictos entre los interesados.

Anímate y deja tu comentario al final de este documento.

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Gobierno_corporativo

[2] El Príncipe. (2008 [1513]). Editorial Austral.

[3] El gobierno corporativo: Consideraciones y cimientos teóricos

[4] La Teoría de los Stakeholders y el bien común (1998). Documento de investigación N°355. División de Investigación IESE. Barcelona.

[5] Griffin, D. (1980). Descent into Slavery?. Emissary Publications. California. Pp.137-138

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