Una aproximación a la idea de Valor

La discusión del valor es un asunto que viene desde los tiempos de la Grecia clásica hasta nuestros días, pasando por Santo Tomás, Smith y Marx. Sin embargo, me centraré en los aspectos más relevantes de las reflexiones y aplicaciones del último siglo.

El valor es un concepto que reflexiona sobre la relación entre “utilidad y escasez” (Di Filippo, 1980)[1], es decir, “de acuerdo con este enfoque, lo que interesa conocer no es la utilidad general o media de un bien, sino la utilidad que cada unidad adicional o marginal de ese bien presta a cada consumidor tomado individualmente. La relación inversa entre utilidad y abundancia se expresa en la ley de la utilidad marginal decreciente” (p.96). El ejemplo de esto comienza con la pregunta formulada por Adam Smith, a saber: ¿Por qué el agua, tan útil que la vida es imposible sin ella, resulta tan barata, mientras que los diamantes, que son completamente innecesarios, tienen unos precios tan elevados? (Samuelson, 1966, p.466). El padre de la economía nunca pudo responder a esa pregunta, ya que las curvas de oferta y demanda, aún no existían como instrumento de análisis, hoy es posible utilizarlas para responder a la pregunta diciendo que la curva de oferta y demanda del agua se ubican en el rango de los precios bajos, respecto a la curva de oferta y demanda de los diamantes. Sin embargo, esto trae consigo una paradoja, pues, el agua es un recurso vital comparado con los diamantes.

Quiero recordar que el enfoque del valor, está centrado en el criterio de marginalidad y no en el criterio de utilidad total, es decir, lo que se valora no es el resultado general de la utilidad, sino que, la utilidad que reporta la última unidad de consumo.

Esto nos ayudará a comprender “que los diamantes son muy escasos y el coste de conseguir nuevas cantidades de los mismos es muy elevado, mientras que el agua es relativamente abundante y el coste de aumentar las disponibilidades de agua es muy bajo en casi todas las partes del mundo” (p.466). Por tanto, solo la utilidad relativa y el coste de la última porción de agua determina su precio.

Igual razonamiento expresa Brealey, Meyers y Allen (2010, p.333) al medir y recompensar a los ejecutivos ante el desempeño de su gestión. El consejo de Administración otorga a los ejecutivos paquetes accionarios, de modo que se vean beneficiados de sus propias actuaciones ante la maximización del valor de la corporación. No obstante, este mecanismo presenta varias imperfecciones, una de ellas es que el pago por la acción “depende del cambio absoluto en el precio de la acción, más no en el cambio relativo del mercado […]. Por tanto, obligan al administrador a asumir los riesgos del mercado o del sector, que están fuera de su control” (p.333). Indican estos autores que lo que debería aplicarse es el criterio de marginalidad de las utilidades, y no realizar la medición sobre la cuantía absoluta del precio de la acción, lo que a su juicio no se aprecia en la práctica.

Con todo, resulta claro que a los administradores y a los inversionistas les resulta atractivo ser poseedor de una acción. Por tanto, la pregunta es ¿Qué refleja el precio de la acción?

La experiencia muestra que[2]empresas rentables tienen clientes satisfechos y empleados leales; por el contrario, las empresas con clientes insatisfechos y empleados que trabajan a disgusto terminarán con utilidades menguadas y acciones a la baja[3]. Por tanto, el precio de la acción refleja el valor de la empresa. En este sentido, Gitman[4](2007) dicen que “los administradores financieros deben aceptar sólo las acciones [actuaciones] que se espera incrementen el precio de las acciones” (p.13). Dicho en otras palabras, “el objetivo de una buena gerencia es incrementar al máximo el valor de la firma y, a partir de allí, repartir […] la riqueza entre todos los interesados: accionistas, trabajadores, el Estado, los clientes, los acreedores, los proveedores, en general, la sociedad. Por lo tanto, es una obligación de la gerencia tomar decisiones adecuadas que contribuyan a ese objetivo[5]

Anímate y deja tu comentario al final de este documento.

[1] Revista de la Cepal. N°11, agosto 1980

[2] Brealey, Meyers y Allen (2010) dice: “Cada país asume su propia posición con respecto a los objetivos de las empresas. En Estados unidos, el Reino Unido y otras economías “anglosajonas” se acepta ampliamente la idea de maximizar el valor de los accionistas como meta financiera principal de la empresa. En otros países, los intereses de los trabajadores son antepuestos enfáticamente. Por ejemplo, en Alemania los trabajadores de las grandes empresas tienen el derecho de elegir a la mitad de los directores de los consejos de supervisión de las empresas. Por ende, cumplen una función importante en el gobierno corporativo, y entonces se pone menos atención a los accionistas. En Japón, los administradores consideran que los intereses de los accionistas están a la par o incluso subordinados a los intereses de empleados y clientes. Por ejemplo, la filosofía de negocios de Toyota es “alcanzar un crecimiento estable y de largo plazo trabajando con energía para equilibrar las necesidades de las personas y la sociedad, el medio ambiente global y la economía mundial […] a fin de crecer con todos nuestros propietarios, incluyendo nuestros clientes, accionistas, empleados y socios”” (p. 26).
[3] Op cit. p.26

[4] Gitman (2010). Principios de Administración Financiero. Edición 11. Pearson Educación. México.

[5] Pareja, I. V. (2000). LA CREACIÓ N DE VALOR Y SU MEDIDA. UN ANÁLISIS CRÍTICO DE EVA. P.6.

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